Las estadísticas indican que 1 de cada 88 niños nace con Autismo. Sin embargo, el censo aun sin publicar para el 2012, estima que será 1 por cada 66. La realidad es que cada esfuerzo dirigido a conocer las causas, el diagnóstico, los tratamientos y la educación esta condición es encomiable.
Cuando Juan Andrés fue diagnosticado tenía un año y ocho meses. Actualmente, tiene siete años y para ese momento la estadística estaba en 1 de cada 150. Con el tiempo he aprendido que la cifra es solo eso, un número estimado, que aunque puede tener injerencia o impacto en la población, no lo tiene más que nuestro Señor.
Hace algún tiempo, comentaba que Juan Andrés es especial por un sinfín de razones. Si bien es cierto que tener un hijo te cambia la vida, más aun el que tenga necesidades especiales. En mi experiencia como maestra de esta población he visto casi de todo. La mayor parte de estos niños viven solo con mami ya que papi optó por irse o son abandonados por ambos padres y adoptados por sus abuelos. Peor aun, muchos son maltratados a causa de la frustración o desesperación de sus progenitores. ¡Ésta es la cifra importante! No cuantos niños son autistas sino cuantos son tratados con amor y dignidad.
Lamentablemente, solemos subestimar la capacidad de aquellos que tan erroneamente llamamos incapacitados, por no ser como nosotros. Ya sea autista o con otra condición, todos ellos son, al igual que nosotros, hijos de Dios y deben ser tratados como tal, sin distinción. Independientemente lo que tus ojos vean, te sorprenderías de lo que la mente y el corazón de estos niños atesoran y se le dificulta expresar. (En YouTube puedes ver infinidad de videos que presentan sorprendentes ejemplos de casos en los que con ayuda de asistencia tecnológica, es viable la comunicación de ellos con el mundo) Cuando lo hacen es palpable el desamor y la frustración que han experimentado en tan corto tiempo.
Urge entonces el reenfocarnos. “Soy responsable por cada alma que toco”. ¿Qué podemos hacer? Debo decir que no es, ni ha sido fácil. Sin embargo, la diferencia está en hacer a Dios presente a lo largo de todo el camino. Esto va acorde a la fe que tengamos y la misma debe nutrirse a diario. Es un proceso en el que se nos prueba constantemente y que toca a cada miembro de tu hogar. Si bien parece que todo gira en torno a Juan Andrés y que él tiene el control (porque en toda decisión se le tiene presente); lo cierto es que el protagonista es Dios. Primero se le invoca, segundo se le pide discernimiento y tercero se le da gracias por la obra que realiza. Estos son detalles que hemos aprendido en la marcha. Es importante recordar que independientemente el resultado, todo es para nuestro crecimiento, pero mejor aun, para glorificar al Señor.
En muchos de sus testimonios (recomiendo su libro: Por sus llagas), Neil Vélez dice que nuestra fe debe ser tan grande como Dios. Cuando pides con fe, el Señor hace su obra. Pero cuidado. No es pedir una cura para el Autismo, ni rezar por un chico normal porque no tengo vida. Dios permite que las cosas sucedan para crecer en el fe, la esperanza y la caridad. Somos los orgullosos padres de Juan Andrés, autista para gloria de Dios.
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