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DEFENDER NUESTRA FE ES CONSECUENCIA DE LA ACCIÓN
DEL ESPÍRITU SANTO

Por Juan E. Díaz

Antes del día Pentecostés, los apóstoles estaban encerrados en sus casas por miedo a que los judíos los ajusticiaran. Aunque convivieron con el Maestro por tanto tiempo, no tenían el valor de defender aquello que habían visto y escuchado. No es hasta que el Espíritu Santo desciende sobre ellos en Pentecostés, que sus corazones quedan transformados. Ahora sí fueron capaces de luchar, a capa y espada, por su fe.

Todos los católicos, recibimos por medio del Sacramento de la Confirmación, la fuerza y los dones del Espíritu, que nos capacita, como a los apóstoles, a predicar sin miedo el Evangelio. Lamentablemente, muchas veces olvidamos esta realidad. Nos vence el temor y nos sentimos incapaces para defender nuestra fe católica ante otras religiones cristianas que buscan confundirnos y hacernos tambalear. Por eso debemos estar preparados y convencidos que a través de su acción poderosa seremos capaces de recordar y reflejar las enseñanzas de Jesús.
Nuestros “hermanos separados”, viven en una constante preparación “bíblica” para debatir los postulados de nuestra religión Católica, dogmas y doctrinas, teniendo como propósito el confundirnos y en el peor de los casos “capturarnos” para eventualmente, convertirnos en perseguidores de católicos.
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Si bien es cierto que existen cursos, libros y publicaciones  que nos preparan para poder defendernos ante semejantes ataque, la realidad es que, si no somos lo suficientemente cuidadosos, pecaremos de convertirnos en católicos perseguidores de protestantes.  La batalla de referencias a textos bíblicos no tendría final y sólo serviría para separarnos aún más.  
Entonces, ¿qué hacemos?.  El conocimiento de nuestra fe no puede residir únicamente en la memoria y sí en el corazón, en la razón y en el profundo convencimiento.  Comencemos por conocer e internalizar las siguientes verdades:
  • La Iglesia Católica es “universal”, fundada y edificada por el mismo Jesucristo.  Es precisamente esta verdad fundamental de nuestra fe, sobre la cual se basan nuestras certezas y seguridades sobrenaturales: Jesucristo colocó a Pedro y a sus sucesores como piedra angular de la Iglesia: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. A ti te daré las llaves del Reino de los cielos, y lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo; y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”. (Mt. 16, 18-19)  ¡Esto es lo que da fuerza y solidez a nuestra fe!  Ninguna otra iglesia tiene esto, peor aún, fueron fundadas por hombres motivados por la desobediencia a la Iglesia Católica.  Si le fueron infieles a ella, ¿le serán fieles a la fe que ahora practican?
  • A la Purísima Madre de Dios, María Santísima se le venera y no se le adora.  Los católicos sólo adoramos, veneramos y respetamos el “Sí” de María, cuando el mismo Dios le propuso ser la madre del Redentor.  Si ella se hubiese negado, no habría redención, punto.  Más aún, el mismo Jesucristo nos entregó a ella para elevar su misión de madre a un nivel superior: “Ahí tienes a tu madre”, y de esa manera ligar a María intrínsecamente al plan Divino de la Salvación.
  • Los católicos no adoramos imágenes porque Dios no puede estar contenido en ellas.  Dios es omnipotente y sería irracional pretender que una imagen, estatua o escultura pueda “ser” Dios.  De eso no tenemos duda.  Nuestras imágenes son parte de la tradición de la Iglesia y sólo pretenden representar o recordar al objeto de nuestra adoración, veneración u oración.
  • Los católicos rezamos repitiendo ciertas oraciones.  El mismo Jesucristo, al pedirle sus discípulos que les enseñara a orar, nos dejó el Padrenuestro.  Si Jesús así lo enseñó, ¿por qué no habríamos de hacerlo?  Por otro lado, en nuestra práctica oramos también espontáneamente, utilizamos la contemplación, así como la música y el Rosario como métodos de oración, por mencionar algunos.  Nuestro Padre escucha nuestra oración cualquiera que sea siempre y cuando provenga del corazón.

No pretendo enumerar todas las verdades contenidas en nuestra fe católica porque resultaría sumamente extenso y complejo.  Verdades como el Purgatorio, el Bautismo de los niños, los Sacramentos, el rezo a los difuntos, el llamarle “Padre” al sacerdote, etc., serían materia de posterior estudio.  Sólo pretendo que no compliquemos los fundamentos de la fe y nuestras prácticas religiosas cotidianas.  

Fíjate que no he citado un sólo pasaje bíblico para memorizar, aunque nuestra fe está cimentada en la Palabra.  Pero la Palabra es Dios y a Él solo hay que creerle.  Esta es la fe. Habiendo comprendido, o al menos comenzado a comprender, la profundidad de nuestra Verdad desde lo más sencillo te diré lo que debes hacer con ella.  Atesórala en tu corazón y no la utilices para crear controversia con tu hermano.  Utilízala para encontrar puntos medio donde converjan las ideas de unos y otros de manera que acortemos las distancias y sea el amor lo que nos una.  Cuando un hermano separado te visite o se acerque a debatir sobre la fe, no temas en decirle que:
  1. Eres católico.
  2. Que amas y atesoras tu fe.
  3. Que de igual forma respetas la suya.
  4. Que no aceptas propaganda religiosa alguna.

Permite que sean tus acciones quienes hablen por ti a los demás.  Al hacerlo estarás siendo presencia viva de Cristo en el mundo y colaborando en la construcción del Reino.
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