NUESTRA ESTRELLA DE BELÉN
Por Juan E. Díaz
“Jesús había nacido en Belén de Judá durante el reinado de Herodes. Unos magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo… Después de esta entrevista con el rey, los magos se pusieron en camino y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. (Mt 2, 1-2; 9-10)
Sería interesante tratar de explicar científicamente el evento de la “estrella” que guiara a los magos. Para eso tenemos que ubicar el nacimiento de Jesús en una fecha aproximada y luego ver qué eventos astronómicos se registran para ese momento. Se ha señalado que Jesús nació en vida de Herodes el Grande. Esto significa que nació antes del 4 a. C., año de la muerte de Herodes. La referencia de Mateo a la matanza de todos los niños de Belén menores de dos años sugiere que la fecha de nacimiento de Jesús no se puede prolongar más allá del año 6 a. C.
Existen actualmente tres teorías que intentan explicar el fenómeno de la estrella de Belén. La primera propone el avistamiento de una supernova (estrella que explota violentamente y cuya luminosidad aumenta a tal grado que es posible verla a plena luz del día). Pero esta teoría no se sustenta por dos razones básicas: primero que según el texto evangélico los Magos dejaron de ver la estrella y luego volvieron a verla, y una supernova, una vez deja de alumbrar el máximo, se disipa para siempre. Segundo porque no aparece registrada ninguna supernova para esa fecha, contrario a otras más antiguas que sí lo están.
La segunda teoría propone el paso de un cometa y aunque no aparece registrado tal evento, sí podemos calcular el paso del cometa Harley para el año 11 a. C. Pese a que tuvo que ser impactante el paso de este comida y que éste sí se mueve, la fecha de su paso no corresponde el nacimiento de Jesús.
La tercera teoría y más aceptada es que quizá estos magos astrónomos, se dejaron guiar por una conjunción astral inesperada. Se sabe que en el año siete a. C. hubo una triple conjunción de Júpiter y Saturno (conjunción significa que los dos planetas parecen estar bien cerca uno del otro y triple porque sucedió tres veces el mismo año). En febrero del año 6 a. C., Marte se situó delante de ellos formando un triángulo del firmamento. Pero esta teoría tiene en contra el hecho de que serían tres estrellas y no una quien los guiara y que los planetas nos realiza movimientos inusuales como los que presenta el evangelista.
¿Qué fue realmente la estrella de Belén? A ciencia cierta no lo sabemos. No podemos condicionar el poder de Dios a los conocimientos científicos. Por tanto la estrella pudo haber sido cualquier elemento del que Dios se valió para manifestarse a los magos, incluso alguna revelación de la que solo ellos fueron testigos.
Nosotros los cristianos no necesitamos de semejantes signos ni explicaciones para demostrar lo que ya de plano conocemos, que Dios nos envió a su hijo para salvarnos del pecado. Por tanto en esta Navidad no perdamos el tiempo buscando signos externos que nos “guíen” como a los magos, sino que descubramos la estrella que vuelve a brillar en nuestro interior que nos anuncia que Dios nacerá por amor y nuestros corazones el día de Navidad.
“Jesús había nacido en Belén de Judá durante el reinado de Herodes. Unos magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo… Después de esta entrevista con el rey, los magos se pusieron en camino y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. (Mt 2, 1-2; 9-10)
Sería interesante tratar de explicar científicamente el evento de la “estrella” que guiara a los magos. Para eso tenemos que ubicar el nacimiento de Jesús en una fecha aproximada y luego ver qué eventos astronómicos se registran para ese momento. Se ha señalado que Jesús nació en vida de Herodes el Grande. Esto significa que nació antes del 4 a. C., año de la muerte de Herodes. La referencia de Mateo a la matanza de todos los niños de Belén menores de dos años sugiere que la fecha de nacimiento de Jesús no se puede prolongar más allá del año 6 a. C.
Existen actualmente tres teorías que intentan explicar el fenómeno de la estrella de Belén. La primera propone el avistamiento de una supernova (estrella que explota violentamente y cuya luminosidad aumenta a tal grado que es posible verla a plena luz del día). Pero esta teoría no se sustenta por dos razones básicas: primero que según el texto evangélico los Magos dejaron de ver la estrella y luego volvieron a verla, y una supernova, una vez deja de alumbrar el máximo, se disipa para siempre. Segundo porque no aparece registrada ninguna supernova para esa fecha, contrario a otras más antiguas que sí lo están.
La segunda teoría propone el paso de un cometa y aunque no aparece registrado tal evento, sí podemos calcular el paso del cometa Harley para el año 11 a. C. Pese a que tuvo que ser impactante el paso de este comida y que éste sí se mueve, la fecha de su paso no corresponde el nacimiento de Jesús.
La tercera teoría y más aceptada es que quizá estos magos astrónomos, se dejaron guiar por una conjunción astral inesperada. Se sabe que en el año siete a. C. hubo una triple conjunción de Júpiter y Saturno (conjunción significa que los dos planetas parecen estar bien cerca uno del otro y triple porque sucedió tres veces el mismo año). En febrero del año 6 a. C., Marte se situó delante de ellos formando un triángulo del firmamento. Pero esta teoría tiene en contra el hecho de que serían tres estrellas y no una quien los guiara y que los planetas nos realiza movimientos inusuales como los que presenta el evangelista.
¿Qué fue realmente la estrella de Belén? A ciencia cierta no lo sabemos. No podemos condicionar el poder de Dios a los conocimientos científicos. Por tanto la estrella pudo haber sido cualquier elemento del que Dios se valió para manifestarse a los magos, incluso alguna revelación de la que solo ellos fueron testigos.
Nosotros los cristianos no necesitamos de semejantes signos ni explicaciones para demostrar lo que ya de plano conocemos, que Dios nos envió a su hijo para salvarnos del pecado. Por tanto en esta Navidad no perdamos el tiempo buscando signos externos que nos “guíen” como a los magos, sino que descubramos la estrella que vuelve a brillar en nuestro interior que nos anuncia que Dios nacerá por amor y nuestros corazones el día de Navidad.
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